Remendando mi futuro

jueves, septiembre 21

Muchas, demasiadas horas, había tenido la imagen repetida. La imagen tuya. De humo y café, de compañía. De tarde tranquila y biblioteca. Siempre la misma mesa rústica, en ese balcón, en un lugar incierto. Estamos en paz, se acaba la tarde. La primera tarde que estamos a la misma mesa, mirando el mismo cielo. Hablando y reflejando dos caras de la misma luna. Estamos aquí, en esta casa, a esta mesa que creo que compré para este momento. Mi imagen es hoy un hecho, y se desprende cada segundo acá, se vuelve pasado. Se escapa. Se pierde. Te vas. Tanto. Búsquedas inconclusas. Remolinos. Tormentas. Una alianza de platino que sigue allí en tu mano. Una noche, una cama con Él. Un trato.

Mi vestido blanco, que quedó en idea, y el de ella, con velo y cola, que quedó protegido del paso del tiempo, con olor a naftalina. Que va a usar tu nuera en esa boda en la que no podré estar. Jamás me invitarías.

Pero, aunque no lo creas ¡No me arrepiento de nada! No haría nada diferente hoy. ¿Pones azúcar al café? ¿Negro? … Te decía, si bien recuerdas yo decidí antes que tú, vaya que fácil olvida el ego. Si buen escándalo armaste al regresar y enterarte.

Él. Un remolino. Un giro a mi vida. Sí, aún tengo su foto acá. A pesar de todo. Él. Sus gafas de la edad madura. Míralo como se ve. Tenía que irme con alguien como él, no crees? Un genio loco. Dejó impreso en cada libro su olor, que ahora es mío, lo que más extraña allá. Placeres sádicos míos. No tiene sus libros, ni mi conversación. Que monologue con ella… Soledad se debería llamar esa mujer. La incapacidad de cumplir un trato tan fácil…

Llévate el libro que tomaste, ya no los venden. No lo regresarás al estante, es mi último regalo para tí. No vas a volver, yo sé. Pero tampoco él.

Sí, las fotos, mi casa, los sellos en pasaporte, son testigos y prueba de la vida que llevamos estos años. Magia, lugares, gente. Unos gitanos hablando una jerigonza de idiomas, de acentos. No era perfecto, como nada lo es. El alcohol y las rubias, mi ambición y ánimo variable, nos acompañó. Lo que más odie, las anónimas rubias, bellas musas benditas de ese que era Él. De veinte años o de menos. No, con él no cabría ese melodrama de la infidelidad. Era un acuerdo tácito. Y él no lo cumplió. No pudo soportar dar reciprocidad.

Cuando estábamos juntos, recuerdo, su mirada me decía sin decir que había estado con ella, o tantas otras. Y en mi silencio, en la ausencia de reproche, quedaste tú, sí, siempre tú, en esa mirada. Cómo iba yo a reclamar ante una simple revolcada pasajera, buscando inspiración. El arte no se frena. Pero el amor tampoco. Siempre estabas tú, y yo esperando. Me espiabas desde una noticia, o desde un artículo y yo no podía ya más. Luego corría a comprar boletos a cualquier destino, para compartir, sin miedo a lastimarnos, esa dulzura de Él, que no daba a sus amantes, que me daba solo a mí, para cerrar el día y llenarnos de sitios nuevos, de charlas nuevas.

In Crescendo, más allá, y luego aún más, iba nuestro trabajo. Mutua crítica. Esa alquimia, esa competencia de Frida y Diego. De comprensión, deseo y genio. Esos tres juntos hoy sé que son permanentes, más deseables y certeros que el amor mismo, ese inestable, indeciso y cobarde amor. Y ya ves. Mi nombre aún salpica su biografía de hombre renombrado. Mi nombre. Que nunca adicionó su apellido. Eso siempre lo recalcan esos periodistas. También en la hoja de vida mía. Puedes decir sí, tanto feminismo para que inicie con “…Compañera sentimental de, esta intelectual comprometida…” ¡Para eso mejor me hubiera puesto el apellido!.

¡Extrañaba ver esa tu risa, de patán descarado e inmaduro!. Está intacta. Es raro.

Y no, no necesito que me cuentes mucho, sé de ella, tormenta, mi tormenta de lágrimas cuando supe, tu esposa cara de muñeca. Tus hijas. Tu familia. Tantos años. Fortuna, fama acumulada. Titulares de los medios. Y te van a enterrar con honores, el día en que no vaya a tu funeral. Me da cierta envidia que ella si va a poder llorarte, porque yo sé que tuyo con ella si era amor. Aunque también le fueras tantas veces infiel. Pero en tu medio, el serlo era parte del perfil que debías llenar. Lo hiciste por tu carrera.
Debes estar atento, este sentimiento, que descubres hoy conmigo es más bien una rendición. Ante la vida misma que otra vez nos puso cara a cara. Pero la sorpresa es grande. La mía. Busqué amor y encontré al final paz en ti, veinte años después.

No, no me des la mano así tan fuerte, no vayas a entrelazarla, te advierto que no me suelto. Esta vez no. No somos dos enamorados, ya te lo expliqué. Somos como dos soldados veteranos, hoy, aquí, con muchos años de golpes y heridas. Haciendo un chapuz a nuestro pasado, distantes momentos, a los cuestionamientos. Haciendo remiendos, zurciendo recuerdos para que hagan ahora sentido esos caminos separados. Pero las manos, aún viejas y manchadas, encajan perfectamente. Otra vez. Un espejo.

Ya sé que solo hoy pudiste ver todo claro. Recuperaste en estos minutos, en este café, tu juventud y una posibilidad. Y mi alma entera. Hoy te la vas a llevar, al cruzar por esa puerta. Pero, detente un momento, mientras pueda hablar sin que se quiebre mi voz. Que no te pese dejarme acá sola. Con una mesa ya sin propósito y esos libros que no son míos.

¡No te equivoques! No fue tan errática la vida. Un Nosotros no habría sido jamás. No hubiera usado el vestido de la naftalina, el de cola y velo. Tal vez el diamante sí. Pero ni pensar en darte niñas preciosas, y esperarte en la puerta. No tenía la belleza para exhibirme en cenas de embajadas con la boca cerrada y joyas caras. Lo hacía con mi voz, con mi presencia. No estaba en mis posibilidades la renuncia a mi luz por no opacar tu sombra. Ni en mis deseos estaba ordenarte las corbatas y aplaudirte desde el público. Menos celebrar tu discurso de sociedades justas, irreales, utópicas. Y a la menor aventurilla, te hubiera molido los huesos. No tengo madera de mártir.

Aunque todo lo hiciéramos distinto, no estaríamos juntos sino hasta hoy. Pero no vas a quedarte, ya te lo dije. Lo repito. Piensa. Sería un mal arreglo. Ya no se puede poner techo a unas ruinas, sin que nos aplaste, nos reduzca a nada el intento. Todo se desmoronaría en nuestras cabezas. Hay que botar los muros. Y construir de nuevo.

Hoy es mi comienzo.

Solo llévate el amor. Llévatelo.

DESDE EL CALEIDOSCOPIO....

lunes, septiembre 18

When two texts, or two assertions, perhaps two ideas, are in contradiction, be ready to reconcile them rather than cancel one by the other; regard them as two different facets, or two successive stages, of the same reality, a reality convincingly human just because it is complex. Marguerite Yourcenar

PAPIERDRACHE

domingo, septiembre 17

Y vuela ya, solo, dando giros, entre nubes grises de cielo llorón de septiembre. Grande, soberbio. He roto mi extremo del cordel en un acto pensado, cuando estaba más alto, cuando me hacía correr en la dirección opuesta tan rápido. Y seguramente lloverá más tarde y no habrá tanto viento. Entonces, el papel de china de colores, tan fino, quedará reducido a nada, se colará a través de su pared, mi caligrafía quedará lavada, y caerá bastante lejos. Solo va a quedar una estructura de madera delgada y un cordel atado a ella, que ahora hace piruetas en el aire. Mientras se aleja, se va haciendo más pequeño.

Caerá en un sitio apartado, haciendo ruido. La niña de trenzas negras observará la trayectoria desde el cielo, y verá en esos despojos tantas posibilidades, mientras lava los platos, pero se le habrá adelantado su hermano a recogerlo y dando gritos con el vecino lo desarmarán y jugarán a espadachines con las varillas, allí justo enfrente de la ventana donde estará aún limpiando la niña.

Oscurecerá. Las varillas se las llevará el vecino a escondidas, y su padre, encontrándolas tiradas, las utilizará como estacas para un nuevo palo de manzano.

Será de mañana. El cordel, de un vistoso color rojo, le servirá a la niña para atar sus trenzas, la mañana del primer día de escuela, cuando su hermano busque sin éxito su espada para la batalla pendiente.

Los años pasarán y en el lugar estará una mujer que ya no recuerde sus trenzas, un manzano , un espadachín frustrado que ahora trabaja de contador. Y a algunos metros o tal vez kilómetros, océanos de distancia… estaré yo.

Habré soltado al viento una simple composición de colores y palabras. Y con él, lo habré soltado a usted. No sin antes poner en unas frases el amor de estos años, que nunca supe expresar, pero que le dije tácitamente. Desde las notas de literatura en caligrafía perfecta que le escribí cuando murió su abuela, hasta las mil miradas cuando usted no lo notaba. El estudio dedicado a sus manos, y a sus estados de ánimo. Y las lágrimas. Y las risas. Las discusiones, el autocontrol. Sus ojos. Los encuentros. El contraste de su camisa celeste y el color preciso de su piel. Lo habré soltado todo, dejando solo el espacio para ese lindo recuerdo de todo el amor volando en un espiral de colores con cielo de fondo.

Habré entendido finalmente que los sentimientos a destiempo, sin destinatario, son igual que un barrilete apolillado en una esquina. A la larga solo estorban y pesan, no dejan seguir. Mi ritual de madurar.

LEYENDO IMAGENES, ¿Vale más un amor tormentoso con un hombre genial o un amor genial con un hombre ordinario...?


Pablo PICASSO y Françoise GILOT. Fotografía tomada por Robert Capa.




Debería defender, a pesar de todo, la felicidad propia!

sábado, septiembre 16

Conducta en clave

viernes, septiembre 15

Hace muchos años empecé un cuento, de un paquete dejado para alguien, en un bar. Y un destinatario que nunca lo recoge. La historia giraba en torno al bartender y su dilema ético respecto del mismo, y cómo, por no aparecer el desconocido al que iba dirigido, a cada extraño que se acercaba a la barra le contaba la forma en que lo habían "encomendado" e invariablemente, cada sujeto barajaba distinta hipótesis respecto del mismo.

Me paso algo similar hace poco. Creo que hay alguien, del otro lado, tratando de hacer un experimento conmigo.

Y no puedo dejar de admitir, que me encanta la idea, aunque no así el ser el conejillo de indias.

¿Que resultado será el esperado?

Meditaciones de tarde..

"¿Qué vale la felicidad si lejos de darme la verdad, me la oculta? ¿Para qué escribir si uno no se siente lleno de una misión?"

CAPERUCITA

Siesta. Cobertor mullido y semioscuridad cómoda. Duermo sin sueños. Suena el teléfono, y despierto sobresaltada, no logro encontrarlo. Mamá, otra vez. Pide que le lleve esas bolsas de compra que olvidó en su auto, a mi abuela, al otro lado de la ciudad. Tan lejos..! En el tráfico y ruido de una noche de viernes! Hago mala cara y zapateo diez minutos exactos. Luego de recoger las dichosas bolsas, mi mente perezosa piensa la forma más fácil de hacer la encomienda.

Dentro del auto, y cegada por las luces del tráfico de fin de mes, pienso en tomar ese camino. Está justo a la izquierda. Pero suenan las voces, esas voces que siempre quieren dirigir mi vida, susurrandome "es peligroso", "allí asaltan", "no está iluminado..", "es de noche..:", "una mujer sola...". Más que disuadirme me alientan a seguirlo. No puede estar tan mal.

La máquina se detiene, justo allí en la parte menos transitada, no puedo ver, la neblina me envuelve, y un escalofrío me recorre entera. Pienso, trato de llamar a alguien. ¿Pero a quién? No tengo a nadie. Trato de abrir el capó, tarea inútil. No miro nada. Me lo merezco. Por no oir la voz, por no ser obediente. Veo esa luz, de lejos. Entro en el auto apresurada, y pongo seguros.

Me tiemblan las rodillas. ¿Qué hacer? Recuerdo las noticias de los últimos días. ¿Un final así para mí? Trato de nuevo, el auto no enciende, el tipo enorme, barbudo y de greñas, vestido de negro, atraviesa su camión. Se baja y camina con cara de enfado y somata impetuosamente el vidrio. Lo tengo enfrente...! El Lobo Feroz ve a su presa! Su mano, enorme, dura. Con pulsera de púas.

Frente a la taza de té, luego de haber llevado las bolsas, y de vuelta a mi sofa, pienso lo ocurrido. El poder que tienen las ideas aprendidas, de buenos y malos. Las superficialidades. Los finales felices. Estrechez de mente. Cuentos de Hadas.

El efecto Before Sunset

miércoles, septiembre 13

Y resultó que las manos empacaron un par de argumentos, mucho tedio y un cansancio acumulado, se asieron fuertes del volante, y el pie presionó al máximo el acelerador. Luego vino la lluvia, día gris y carreteras de concreto, recto, veloz, sin frenos, sin pensar. Como debe ser.

Vino pronto la música de neumáticos y viento, y todos los vidrios abiertos. Va una caja dentro, esperando la oportunidad de ser partícipe, invitada.

Llegada, y directos los pies al agua.

Un par de historias desnublan la tarde, transportando a los presentes a finales del siglo XIX, entre franceses ilustres y nombres reivindicados, el agua se enturbia. La marea baja, y las pajas del rancho donde estamos se mueven de forma violenta. El peso de un secreto.

Se cae el cielo, y nos refugiamos dentro, y sale el disco de la caja, que antes de hacerlo era una promesa de la noche viendo un rostro perfecto y no pensando en contenidos.

la lluvia cae violenta, furiosa, variando de dirección, y golpea y sacude la puerta de vidrio. Se apagan las luces, y empieza a correr. Paris, muchas calles, muchos libros. Dos personas que desde hace mucho tiempo no se ven. Una plática ligera. Y un diálogo profundo. Un reflejo, el reflejo de lo que puede ser la vida mañana. Y cuatro pares de ojos nublados, como el cielo, por la incertidumbre. O tal vez por la certeza de no querer conformarse con menos que eso.

Jt´aime tant! suena junto con los créditos. Copas de vino tinto. Y el miedo de no tener el valor suficiente a esperar cual profeta. Y el terror de que quien se haya aburrido de esperar sea el que en el futuro duerma al lado. Guardando el secreto.

Y todo pudo ser tan simple, si la caja hubiera tenido el correcto contenido. Sigo pensando en eso.

Unas lyrics de Madonna oportunas para las tardes de lluvia y con nostalgia...

jueves, septiembre 7

Say good-bye to not knowing when
The truth in my whole life began
Say good-bye to not knowing how to cry
You taught me that

And I'll remember the strength that you gave me
Now that I'm standing on my own
I'll remember the way that you saved me
I'll remember

Inside I was a child
That could not mend a broken wing
Outside I looked for a way
To teach my heart to sing

And I'll remember the love that you gave me
Now that I'm standing on my own
I'll remember the way that you changed me
I'll remember

I learned to let go of the illusion that we can possess
I learned to let go, I travel in stillness
And I'll remember happiness
I'll remember [I'll remember]
Mmmmm... [I'll remember]
Mmmmm...

And I'll remember the love that you gave me
Now that I'm standing on my own
I'll remember the way that you changed me
I'll remember
[I'll remember]

No I've never been afraid to cry
Now I finally have a reason why
I'll remember [I'll remember]

No I've never been afraid to cry
And I finally have a reason why
I'll remember [I'll remember]

No I've never been afraid to cry
And I finally have a reason why
I'll remember [I'll remember]

De parches a corazones y películas

miércoles, septiembre 6

En uno de esos viernes de cine con amigas, fui a ver una película light, de Uma Thurman (por algo musa de Quentin) , luego de un frustrado café que tenía planeado con cierto hombre encantador, que me dejó con una total sobredosis de desencanto. El viernes solo se podía arreglar con cine del malo y chocolate del bueno.

La trama no era la gran cosa. Una superheroína a lo Superman, salvando al mundo de sus desgracias, y aparte de eso, teniendo que vérselas con problemas existenciales y emocionales con su ex, tipo inseguro y mediocre, bastante cobarde, y altamente influenciable por sus amigos (suena familiar, verdad? ). Para alguien con poco ojo, allí quedaría todo, en ese final predecible, en que los buenos ganan, siempre ganan.

Para mí, pues salí fascinada por los símbolos, los mensajes ocultos con los que mi cabeza voló todas las horas. Yo ví una parodia de la vida de las mujeres de hoy en esa pinche pelicula light, me ví reflejada en los gritos histéricos, en la inseguridad. En esa sensación de poner al mundo antes que a mí, mal pandémico entre todas, hoy. Pero también ví esa apertura, ese ya no tener miedo de pedir, de mostrar necesidades, deseos y emociones, en la cama, y fuera de ella. Y exigir respeto. Y consecuencias para ese irrespeto.

Pero ví también el otro lado, unos confundidos hombres que no saben como manejarnos, de la muchacha convencional para que los educaron, ni rastros. Ya no nos compran con joyas. Ya no nos convencen con flores. Las exigencias están elevadas al máximo. Y no están listos para manejar dicha situación. Casi ninguno. O se resisten a cambiar y van de golpiza en grito, de traición en maltrato, o se van hasta el otro extremo, y delegan todo en uno, y hay que arreglarles la autoestima y esconder estados de cuenta. Y estados de ánimo.

El problema, sigue siendo la divergencia. Y la soledad. El vacío del final del día. Cuando no queremos ni a un macho tirano, ni a un tipo suave que no mate una mosca. No queremos que nos endosen sus complejos ni tener que ocultar nuestros triunfos. Tampoco las emociones. No queremos fingir que ustedes son lo máximo.

El problema, hoy, es que lo queremos todo. Y por eso, nos quedamos con nada.

Aunque yo lo único que pido es un tipo pensante, ambicioso. Que sepa quién soy, al menos en teoría. Y que respete mis sueños. Con el que me pueda quitar el halo de heroína, y solo ser.

Si me dice que hizo trabajo humanitario riesgoso altruistamente, que le gusta la política y Sinatra, que habla francés y ha pensado en la diplomacia, no me enojo tampoco. Ja!

Sí, como todas ellas, yo también pido todo.

Passion

martes, septiembre 5

Espressos are part of me. My No. 1 passion. Almost love.

They mould my conversations, add some spice to our daily lives, and make me feel important and mature. When people drink espressos, they look sophisticated and relaxed, as if no tyrant governor or economic crisis can touch this inexpensive form of pleasure.

I can tell you, as a confidence, I can´t enjoy a espresso the way I used to since I left your side of the world. It lacks you. It is just not the same.

But there´s still hope. There is still coffee in the world. And you are still somewhere. And I´m here. Thinking about you. Trying to learn a decent French.